Radiante va la novia. Un protocolo muy festivo - Parte 3
Bodas, un protocolo muy festivo – Parte 3: radiante va la novia
Parece mentira, todos esos meses de preparación, antelación, a veces ansiedad pero también alegrías y sobre todo expectación, se acercan a su fin. Ha llegado el momento en que la novia y el novio, si han superado la dura prueba de organizar la boda, digan: “Sí, quiero”.
- Ahora, a entrar todos a la iglesia, pero en orden... Primero deben entrar la madrina y el novio -ojo, no deben quedarse esperando fuera-, son ellos los que reciben a los invitados. En general las primeras filas de la iglesia las ocupan los familiares de los novios, antiguamente los de la novia a la izquierda y a la derecha los del novio, pero ya pocos conservan esta costumbre.
- La iglesia está tapizada por una alfombra roja que representa los valores del honor y el respeto, por allí entra la novia del brazo del padrino, -es importantísima la puntualidad, no se puede retrasar más de 30 minutos- ella por la izquierda, al ritmo de los acordes de la música elegida por los novios. La mayoría de las bodas siguen eligiendo la marcha nupcial que Mendelssohn escribió en 1842 para la suite “Sueño de una noche de verano” inspirada en la conocida obra de Shakespeare, pero todo cabe y depende exclusivamente de lo que quieran los contrayentes.
- Cuando llega al altar, la está esperando el novio. En las bodas católicas, el velo tiene el símbolo de pureza por eso en ocasiones es doble y cuando el padre de la novia la “entrega”, el novio le descubre el rostro. Del resto no hay que preocuparse demasiado, la ceremonia ahora está en manos del oficiante, solo tenemos que dejarnos guiar.
- La salida de la iglesia es muy sencilla, los primeros en salir son los novios del brazo, seguidos por los padrinos y los testigos, y luego el resto de invitados. Lo cierto es que a esas alturas, hay una gran algarabía y no todos salen por el centro... además hay que darse prisa, que hay que ir a tirar el consabido arroz, que es una costumbre traída desde el lejano Oriente pero que Europa adoptó desde la Edad Media y es símbolo de fertilidad y abundancia para la pareja. En los últimos tiempos se ha impuesto arrojar pétalos de rosa, que simboliza plenitud y un futuro promisorio. Yo me quedo con el arroz, es más barato y más fácil de poner en el bolsito de fiesta.
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